Desde que soy Rector de esta Universidad considero importante hacer un
análisis de la realidad nacional e internacional en la última ceremonia de
grado del año.
Como observador, estoy convencido de que la realidad social, política,
económica y cultural es un complejo tejido cuyos hilos se relacionan y se
afectan mutuamente. Desde esta perspectiva, el punto de partida de un análisis
político puede ser cualquiera, comoquiera que de todas maneras nos llevará a una realidad global y
totalizante.
El año pasado, mi análisis partió de las manifestaciones de los jóvenes europeos
y estadounidenses contra el sistema económico mundial –especialmente contra el
poder financiero– que dio lugar a un movimiento que se propagó por todo el
planeta y a partir de ese examen me extendí por toda la realidad política y
social que marcó el año 2011.
Esta vez pretendo considerar el proyecto de Ley 073 que empezará su
trámite el 14 de noviembre y busca regular la profesión de politólogo. Este proyecto
desde el comienzo de su articulado presenta inconsistencias, ya que busca
definir una profesión que por su carácter interdisciplinar y su interacción permanente
con otras disciplinas de las ciencias sociales no debe ser delimitada, más aún si
se tiene en cuenta que su capacidad de abarcar múltiples conceptos es, precisamente,
su mayor fortaleza dada la complejidad de los fenómenos sociales que este tipo
de miradas requiere. Como el objeto de estudio de la ciencia política es el
poder y sus relaciones con otras esferas sociales, la propuesta de controlar
políticamente las actuaciones del politólogo puede afectar la libertad de
opinión y sesgar sus análisis. En este sentido, ya se pronunciaron destacados
politólogos que no necesariamente tienen ese título.
Ni siquiera los grandes teóricos de la politología han podido definir
las fronteras y los alcances de esta ciencia; justamente, porque la realidad
política del mundo está interrelacionada con otras esferas sociales de la
condición humana, tales como la economía, el conocimiento científico, la
conformación cultural de los países, las creencias, las prácticas y las
tradiciones, entre otras. De hecho, si hilamos más fino en torno al significado
de la política, terminaremos en Aristóteles, quien consideraba que el hombre
era, en esencia, un homus politicus.
Días atrás, con motivo de las elecciones presidenciales de Estados
Unidos –que en ese momento todavía no se habían efectuado–, leí una columna del
economista Joseph Stiglitz en la cual hizo gala de un certero análisis que me
enseñó bastante, a pesar de las pocas líneas escritas. Ahora lamento que no
fuera politólogo y que el premio Nobel se lo hubieran dado en economía y no en ciencia
política.
Stiglitz afirmaba que “[…] hay mucho en juego para el mundo en las
elecciones estadounidenses. Infortunadamente, la mayoría de los afectados –casi
todo el mundo– no podrá influir sobre los resultados”. Sin duda, la propuesta
partidista del inquilino de la Casa Blanca afectará necesariamente la economía
mundial. El republicano y el demócrata insistieron en un modelo económico que
fracasó en ese país y en todos los que lo siguieron; no obstante, por fidelidad
a sus principios capitalistas, defenderán a ultranza su aplicación tradicional,
propuesta económica que arroja ganancias mundiales que nunca llegan a la
mayoría de los ciudadanos, a pesar de que los datos oficiales del PIB
demuestran un crecimiento económico constante. Por el contrario, el ingreso de
la mayoría de los estadounidenses se estancó durante más de una década.
En las pasadas elecciones presidenciales norteamericanas, según los
reportes oficiales decidieron los indecisos. Paradójicamente, Obama triunfó con
el apoyo de unas minorías que no siempre se han visto representadas por él,
porque a la hora de las reformas pueden más las presiones del capitalismo
financiero que los deseos de Obama de llevar a cabo reformas sociales.
Por ello, la defensa del libre comercio y de sus respectivos tratados, pregonada
por los economistas norteamericanos de Harvard y alentada por Obama y en
ocasiones por Romney, comienza a flaquear frente al embate económico de China. Regular
el comercio e impedir la llegada de los chinos es la consigna de republicanos y
demócratas, pero el gigante oriental ya está allí. Ya no se habla más de la Ronda
de Doha ni de la legislación de la Organización Mundial de Comercio y en los
últimos años el Senado estadounidense ha opuesto una gran resistencia a la
aprobación de los tratados de libre comercio. ¿Será el comienzo de un nuevo
proteccionismo? ¿Estamos ante el fin del consenso del libre comercio?
De vuelta a nuestra idea inicial, en nuestra vida diaria nosotros, los
seres humanos, hacemos ciencia política en lo local, lo nacional y lo global. Tenemos
el derecho de preocuparnos por las cuestiones centrales de la agenda global que
no aparecieron en los planteamientos de los candidatos norteamericanos: cambio climático,
narcotráfico y regulación financiera, ya que de acuerdo con estos análisis
políticos definimos aspectos fundamentales de nuestra vida diaria como son dónde
invertir, qué estudiar, por quién votar, qué periódico leer, etc… incluso, decisiones
tan banales como escoger el lugar para pasar las vacaciones con nuestra familia,
no sea que en ese país estalle una
guerra civil.
La politología no es una ciencia exacta, como tampoco lo es la economía,
incapaz de explicar las razones por las cuales una empresa como Interbolsa, tan
exitosa en la última década y pionera en Colombia entre las comisionistas de
bolsa, tuvo que ser intervenida por la Superintendencia Financiera al incumplir
el pago de un crédito por veinte mil millones de pesos al banco BBVA.
Su reciente liquidación nos recuerda una vez más, que el sector
financiero no está exento de malos manejos y de falta de responsabilidad por
parte de personajes que se autodefinen como empresarios exitosos. Esta es la
hora que esperamos que nos diluciden cómo la Superintendencia Bancaria, el
Fondo de Garantías Financieras (Fogafin) y los demás organismos de control,
permitieron que se llegara a tal situación. La verdad radica en que en muchas
ocasiones estos llamados gurús de la economía hacen sus capitales gracias a riesgosas
maniobras financieras no siempre legales que requieren una vigilancia especial.
La especulación financiera afecta al sector real de la economía y crea ilusiones
de prosperidad a través de burbujas económicas que en ocasiones esconden una
especie de pirámide financiera como la que creó Bernard Madoff, por cierto
recientemente condenado a 150 años de cárcel en Estados Unidos. Así, los juegos
especulativos terminan por vulnerar gravemente el sector real de la economía
con las consabidas consecuencias: inflación, desempleo, quiebra de empresas prósperas
y muchas veces, el cierre de industrias tradicionales. Hoy, por ejemplo,
¿alguien se ha preguntado qué va a pasar con Fabricato, una de las empresas más
representativas de la industria nacional?
El desplome de Interbolsa –como lo tituló un medio de comunicación– entendido
en el contexto internacional, obedece a las mismas reglas de juego del capitalismo
financiero transnacional que ocasionaron la reciente (y no resuelta) crisis de
los Estados Unidos. Los especuladores financieros utilizaron créditos bancarios
para autocomprar acciones (repo) y presionar el alza del valor real de los
activos y por ende de unas acciones que no contaban con un respaldo real.
De este modo, el precio de la acción de Fabricato pasó de treinta a noventa
pesos en pocos meses, sin que este nuevo precio reflejase el valor real de la
empresa en bolsa. Facebook es otro
ejemplo de los peligros de negociar en la bolsa, campo natural para las
apuestas financieras y el riesgo.
En este mismo sentido, cabe recordar que el 30 de octubre logró gran
despliegue una noticia que nos llegó desde Holanda, donde el Primer Ministro de
ese país obligó a los banqueros a firmar un código deontológico vinculante que regularía su integridad y su forma de trabajo.
Este código prohíbe so pena de graves sanciones, vender a los clientes
particulares productos financieros de alto riesgo o de beneficios dudosos, como
las hipotecas “basura”.
En síntesis, la especulación financiera se ha vuelto una economía basada
en el crédito y en los capitales ficticios que al final son superados por los
intereses crecientes y la falta de capacidad de pago en detrimento del sector
real de la economía. Las consecuencias, como ya lo anoté, son el cierre de
industrias, la recesión, la inflación, el desempleo y el hambre.
En este estado de cosas, no se queda atrás la Comunidad Económica
Europea, que a pesar de la infinidad de medidas de ajuste fiscal, regulación económica,
recorte presupuestal y disminución de los subsidios, entre otras, no logra sobreponerse
a la crisis económica y política que ha desembocado en un alto desempleo y que amenaza
con fracturar la misma unidad de la comunidad.
En el caso de España, por ejemplo, según el diario El País,
del 6 de noviembre de 2012, “[…] la Comisión Europea afirma que el cuadro
macroeconómico del Gobierno, con el que ha elaborado los presupuestos del 2012
y 2013, es incoherente. La Comisión asegura que este año el PIB se contraerá en
1,6 %, y el año próximo la contracción será del 1,5 % (muy lejos de la suave
desaceleración del 0,5 % anunciada por el ministro Cristóbal Montoro) y que el
primer atisbo de recuperación –muy moderada, eso sí– no llegará hasta el 2014
(0,5 %). Las recetas de ajuste tampoco tienen los resultados pretendidos: el
déficit público, según la Comisión, se irá este año al 7 % (sin el coste de las recapitalizaciones
bancarias), el año próximo quizá pueda
rebajarse al 6 % y en el 2014 apenas se reducirá en otras dos décimas. A pesar
de los recortes torpemente aplicados en sanidad, educación e infraestructuras,
el déficit público no desciende; de hecho, el efecto desincentivador de las
restricciones del gasto y los ajustes de empleo no hace sino afianzarlo o
aumentarlo. La evolución del paro registrado, en el que más de 128.000 personas
se sumaron a las listas del desempleo en octubre y la afiliación a la seguridad
social descendió en más de 73.000, da una idea convincente de que la
recuperación está muy lejos y la tasa de paro que registrará la EPA a finales
de este año se aproximará al 26 %”. Un aumento del desempleo que los mismos
analistas afirman tenderá a subir en el 2013. Portugal, Grecia e Italia,
tampoco escapan al desempleo que alcanza cifras superiores al quince por ciento.
De vuelta a Stiglitz
y a su análisis de las elecciones que dieron como ganador a Obama, este pensador
afirmaba que muchos aspectos de la economía mundial y por lo tanto del
desarrollo de la sociedad global y de la paz, se jugaban en dichas elecciones y
enfatizaba que la inmensa mayoría de los afectados no podía opinar. En efecto,
los Estados Unidos decide sobre las democracias del mundo, pero el mundo no puede
decidir sobre las políticas y las instituciones de la superpotencia.
Por otra parte, como sociedad civil tampoco fuimos invitados a participar
en el nuevo proceso de paz con las Farc, que empezó oficialmente en Oslo el 18
de octubre y que actualmente continúa en La Habana, un nuevo proceso de paz que
se desarrolla sin despejes ni cese de hostilidades.
Lo anterior nos lleva a creer que soplan vientos de paz en Colombia, asunto
importante que debe ser incluido en este balance. Mi vida y la generación de
mis padres estuvieron acompañadas de la violencia guerrillera. Los estudiosos conceptúan
que es un mal endémico cuyas causas son múltiples: el bipartidismo, los intereses
de las elites políticas regionales, los desequilibrios sociales y económicos
(causa primaria) y que hoy ha perdido el norte y ha devenido en un movimiento
delincuencial. También afirman que esta idiosincrasia de la violencia ha hecho
de nosotros un pueblo culturalmente violento.
A pesar de estas circunstancias, es fundamental soñar con una Colombia
en paz. Sueño que se puede convertir en un imperativo ciudadano que demande a
los actores armados ilegales de toda pelambre a que silencien sus fusiles y
desarmen sus corazones. Para ello se requiere una sociedad justa, incluyente y democrática,
que invierta más en la educación que en la guerra, más en vías de comunicación
que en armas, más en la tierra que en la especulación financiera.
No obstante estos sueños, los amigos de la guerra y los negociantes de
la muerte alzan sus gritos al cielo y claman que la paz no es posible, que las Farc
mienten, que el Estado no puede claudicar hasta que no caiga el último
terrorista, que no se puede negociar sin un cese al fuego unilateral y que los
diálogos de La Uribe (1982), Tlaxcala (1992) y el Caguán demostraron que es
imposible llegar a la paz por medio del diálogo. Insisto que a pesar de estas
evidencias, tenemos la obligación ética y moral de pensar en un país sin
guerra, en una Colombia donde todos podamos vivir en paz y disfrutar del buen vivir.
En este análisis sobre la realidad nacional hay un punto fundamental del
cual la sociedad en general no se ha ocupado suficientemente y es el problema de
la explotación de los recursos naturales. Ocasionalmente, se lee en los diarios
o se escuchan noticias sobre la minería ilegal y el daño que esta genera a los
ecosistemas de gran parte del territorio nacional. Escenas dantescas de
bosques, páramos, quebradas y ríos arrasados por la minería ilegal y en algunos
casos por la legal, ponen en evidencia que las otrora llamadas reservas
naturales se están explotando sistemáticamente y sin compasión.
Si por décadas existió una minería más o menos regulada que convivió con
la denominada minería ilegal y una explotación artesanal de aluvión ejercida
desde épocas prehispánicas, que logró cierto equilibrio con los ecosistemas en
los que se ejercía. Hoy la situación es otra, pues el propósito de las
diferentes clases de minería está regulado por un afán de lucro desmedido y sin
conciencia ecológica que busca por todos los medios acabar con nuestras
llamadas reservas naturales.
En este sentido estamos obligados a preguntarnos: ¿cuánto de esa riqueza
nos corresponde? ¿Qué pasará cuando se acaben dichos recursos? ¿Qué será de
esas tierras vueltas infértiles? ¿Se podrán renovar nuestros bosques? ¿Volverán
las quebradas y los ríos? ¿Las tierras se podrán cultivar? Preguntas que nos
obligan a recordar que no todos los recursos son renovables.
Otras cuestiones que merecían igual análisis en este balance están
relacionadas con el problema del campo y con una reforma agraria que debería ir
más allá del mero hecho de entregar tierra a los campesinos; con el perenne
clientelismo que impidió la construcción de una ciudadanía activa; con la corrupción
de nuestros dirigentes y sus vínculos corporativistas en defensa de intereses
minoritarios; con el narcotráfico que alimentó a la violencia y fracturó
nuestros principios morales; con el crecimiento desbordado e incontrolable de
la delincuencia no organizada; con el rearme de las bandas criminales. Cuestiones,
insisto, que deberían ocupar un lugar privilegiado en este análisis, pero que infortunadamente
el tiempo y este escenario no lo permiten. De todos modos deseo que estas
problemáticas sean tenidas en cuenta por ustedes, mis queridos egresados, a la
hora de tomar sus decisiones como profesionales y ciudadanos.
Por último y para volver sobre el proyecto de ley 073 –que si fuese
aprobado regularía este análisis– quisiera expresar que los mismos senadores
que quieren amordazar a los analistas políticos, deberían cuestionarse sobre los
argumentos que esgrimen para no profesionalizar el ejercicio de sus cargos a
fin de que no les suceda lo que al exsenador Eduardo Merlano, quien está convencido
de que cincuenta mil votos lo eximen de cumplir elementales normas de
convivencia ciudadana, como es la de no conducir ebrio y aceptar amablemente el
requerimiento de las autoridades.
Me gustaría finalizar estas palabras con un homenaje a los diez campesinos
colombianos de la zona rural de Santa Rosa de Osos, que el pasado 7 de
noviembre fueron vilmente asesinados por un grupo criminal. Y la mejor manera
de hacerlo es recordando el poema que Federico García Lorca escribió en homenaje
al torero Ignacio Sánchez Mejía, con ocasión de su muerte:
A las cinco de la
tarde
Eran las cinco en
punto de la tarde.
Un niño trajo la
blanca sábana
a las cinco de la
tarde.
Una espuerta de
cal ya prevenida
a las cinco de la
tarde.
Lo demás era
muerte y solo muerte
a las cinco de la
tarde.
(…)
¡Ay, qué terrible
cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en
todos los relojes!
¡Eran las cinco en
sombras de la tarde!
Paz en su tumba a nuestros hermanos campesinos.
¡Muchas gracias!
Álvaro Cepeda van
Houten, OFM
Rector
Santiago de Cali,
15 de noviembre de 2012
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